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LOS CICLOS DEL AÑO O CICLOS DE LA NATURALEZA

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En invierno es época de siembra. Allí procuraremos, como el sembrador, elegir los mejores granos. Análogamente es época de pensar en nuestros objetivos para el nuevo ciclo, conforme a la experiencia adquirida

En primavera la naturaleza florece, se exterioriza. Debemos aprovechar esta energía para fortalecer nuestro impulso a actuar, a poner en ejecución los pasos necesarios para conseguir los objetivos que nos hemos propuesto.

El verano es época de desmalezar y regar.  Análogamente debemos efectuar una revisión en la marcha de nuestros propósitos para verificar si van camino a lograrse y corregir lo que sea necesario. Desmalezar equivale a superar los obstáculos, eliminar todo pensamiento y actitud negativa que pueda impedir un buen fruto.

El otoño es época de cosecha y recolección. Allí deberemos obtener el resultado de nuestro trabajo. Estos resultados pueden ser muy buenos (buenos frutos) y allí aprenderemos que el procedimiento empleado ha sido correcto. Otros objetivos habrán sido logrados sólo parcialmente o no tal como lo esperábamos. Es la fruta de segunda o tercera selección. Aprenderemos cómo corregir en el futuro nuestro trabajo. Por último, habrá objetivos que no se consiguen. Es el fruto pasmado o podrido. Debe ser rápidamente apartado. También aquí aprenderemos. Sabremos que de ese modo, cómo lo hemos hecho, no conseguimos lo esperado y por tanto habrá que probar una nueva estrategia.  En esta época, entonces, procedemos a la evaluación de nuestros logros.

Esta evaluación nos permitirá aprender cosas nuevas, procedimientos mejores, para formularnos nuevos propósitos y corregir defectos. Elegiremos los mejores frutos y de allí sacaremos las mejores semillas para la futura siembra.

Análogamente un mes está sujeto a estos mismos cuatro procesos. Pero también un día. Es importante irse a dormir cuando ya se ha evaluado y se ha descansado, para que el sueño no sea perturbador. Un sueño perturbador será causa de negatividad y estrés al día siguiente. La noche equivale al invierno, allí nos formulamos los objetivos para el día siguiente. La madrugada equivale a la primavera. Toda la naturaleza, y nosotros, estamos con el mayor impulso para conseguir nuestros propósitos. La mente y el cuerpo están más descansados. Es el momento de planificar el día.    El mediodía es como el verano. Momento de revisión y corrección de nuestro actuar.  El atardecer es como el otoño. Al término de la jornada de trabajo debemos evaluar lo obrado en el día y recordar nuestros actos.   Estudiar cómo podemos corregirlos en el futuro. Tomamos alguna actividad recreativa para que en la noche, equivalente al invierno, de acuerdo a la experiencia adquirida y a la evaluación, planifiquemos el día siguiente. Irse a dormir con esta planificación, causa además que el subconsciente acuda en nuestra ayuda y nos entregue soluciones para actuar con más eficiencia.

El otoño es época para evaluar y corregir lo que hemos hecho. Si se procede así, es seguro que en el futuro cuando se presenten acontecimientos semejantes, obraremos mucho mejor y con más éxito.    ¡Todo es posible de mejorar!



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